Desbloqueando el OnlyFans

La red social de porno autoproducido ha tenido un aumento considerable durante la pandemia. Miles de usuarios pagan por abrir el candadito virtual que cierra las fotos. En este reportaje hablamos con varios trabajadores sexuales virtuales, quienes nos dieron un pase a tras de cámara para dar un vistazo a las sábanas antes de que se arruguen.

Veterano de tres redes

“Hace poco le conté a mi mamá. Le pregunté si nunca dudó de dónde sacaba plata para pagar viajes y cosas cuando estaba en la Universidad. Me dijo que no y ahí le conté que era trabajador sexual virtual” cuenta Brako Iriarte (32), abogado y artista porno autogestionado. Lleva años haciendo shows sexuales en internet: a los 19 comenzó en cámara web, luego saltó a Just for Fans y ahora está en la app Only Fans.

Brako empezó en la industria de los shows por webcam en la plataforma Cam4. Eran salas de cine virtuales con chats incluidos. Los usuarios podían pagar a los participantes un abono para sus shows, y estos, cuando llegaban a un cierto número de seguidores, elegían los países que podían ver la transmisión. “Yo llegué a estar entre las cinco cámaras más vistas del mundo”, dice Brako y toma un trago de cerveza. Entró a este mundo por el morbo de ser visto teniendo sexo con su pareja de entonces. Le gustaba que lo vieran y saberse deseado a la distancia casi irreal que da internet.

Si no llevara las uñas pintadas, lo suyo sería una masculinidad clásica. Lleva barba frondosa, una camiseta de cuello en V que deja ver su pecho poblado y la voz es grave y cálida. Habla desde Madrid, su nueva residencia luego de dejar atrás Chile hace un par de semanas. “Con Only Fans estoy ganando entre $1.000 a $1.500 dólares mensuales, así que puedo vivir de esto”, dice y exhala una bocanada de humo sonriendo. Sus más de 5 mil seguidores lo mantienen. Sigue llevando algunos proyectos como abogado desde España, pero más por compromiso a sus socios que por necesidad.

Según Brako, el principal atractivo de esta red social de porno amateur es estar lejos de la industria pornográfica. Busca alejarse de los videos “falocéntricos” y la asociación del sexo con la violencia. “Es que después de la paja rápida y los videos de PornHub uno queda con asco de lo que vio. Yo busco lo contrario. En la mayoría de mis videos no acabo. No repito los mismos esquemas, sino que juego a algo más inteligente. Quiero convertir el porno en contenido político, que tenga un mensaje. Acá en España tengo la suerte de que existen grupos trabajando para eso y vamos a empezar un proyecto”.

Hacer un Only Fans no requiere grandes cosas. Los videos pueden ser grabados con smartphones, las locaciones son las piezas de los creadores (o lugares más arriesgados como parques) y si hay otros participantes, son las parejas, amigos con ventaja o invitados estrellas. La promoción se hace por medio de fotos censuradas en Instagram o Twitter. Pequeños caramelos para que los más golosos abran el candado. Gasto de inversión de Brako: cero.

No repito los mismos esquemas, sino que juego a algo más inteligente. Quiero convertir el porno en contenido político, que tenga un mensaje.

“El problema de ser conocido es eso, que eres conocido. Me hicieron mucho bullying por ser un trabajador sexual virtual. Desde que tratan de anularte en base a eso, porque claro, el puto no puede ser inteligente ni sensible, hasta incluso un exjefe trató de chantajearme sexualmente por revelarlo”, dice. Brako nunca ha escondido su identidad en las redes y maneja el mundo del porno y el real, con ambas manos, pero sin dejar que se enrollen.

“Ahora voy a aprovechar de que estoy con el cuerpo ‘encuarentenado’, con un poco más de panza,  y hacer videos sin un cuerpo hegemónico. Es rico explorar otros cuerpos que no sean los de siempre”, explica. Enrola otro tabaco y, con el filtro entre los labios, termina la conversación porque se está quedando sin batería.


Encontrar la iluminación en medio del porno

Daniela (23) estaba perdiendo el pelo a mechones. El estrés de la carrera de enfermería, más el tener que hacerse cargo de su abuelo enfermo y la presión de las cuentas que se acumulaban hicieron que un día se quedara con el pelo entre los dedos. Literalmente. En ese minuto decidió empezar a trabajar en Only Fans.

“Al principio fue horrible, porque la plataforma no te da ninguna facilidad para conseguir nuevos suscriptores. Tenía que estar buscando por mi cuenta y publicando por Twitter”, recuerda sobre sus inicios. Partió ganando dos mil pesos en su primera pasada. Ahora, con poco más de un año en la plataforma, sus ingresos ya bordean los $400 mil pesos.

A veces suele recibir pedidos de sus adherentes a la hora de hacer contenido. “Una vez, un usuario me pidió que le enviara un video en el que me daba completa libertad de elegir la lencería y las poses, pero que en medio tenía que gritar su nombre. Y eso me resultó medio extraño, porque es raro tener que gritar otro nombre que no sea el de tu pareja”.

Una de los actos que más le gustan y rinden a Daniela es el del squirt. Esto es una clase de eyaculación femenina, donde se expulsa líquido por la vagina. “Entre las cosas más difíciles que me han pedido está eso. Un cliente me pidió que hiciera un video con mucho squirt, y estuve nerviosa todo el día, porque no sabía si iba a poder cumplir. Así que tomé mucha agua y bueno, se logró”, dice riendo.

Daniela está en una relación estable y su pareja es muchas veces su compañero en los videos. Asegura que “el hacer porno o erotismo salvó mi relación” porque, por ejemplo, “tener que comprar lencería te lleva a estar más pendiente de tu cuerpo y de estar más segura de ti misma. Luego de hacer las fotos, hay algo de esa actitud que se traspasa al día a día”. Afirma que desde que entró a Only Fans ha podido redescubrir su sexualidad y la forma en que se acerca a ella.

De igual manera, dice que ha logrado conectarse nuevamente con su cuerpo. Daniela es lo que se podría entender como una modelo curvy.

Sin embargo, no todo ha sido bueno. También ha experimentado lo tóxico que puede llegar a ser Internet y los juegos de poder que se dan. Cuenta que no es poco usual que las trabajadoras sexuales virtuales reciban amenazas a cambio de demandar más material exclusivo y gratuito. “Me han dicho que si no hago lo que dicen, le van a contar a mi familia, le van a mandar mis fotos.  Hay mucho machismo en eso”.

A mí me gusta ser la novia de las personas, decirles ‘mi amor, mi vida’. Preguntarles por su día. Me gusta eso porque lo siento mucho más personal.

Daniela sabe que el juego de Only Fans pasa por ser un juego de imaginación y fetiches, que ella tiene un público que se superpone a su propia imagen y sus deseos. “Nosotras podemos jugar con eso. A mí me gusta ser la novia de las personas, decirles ‘mi amor, mi vida’. Preguntarles por su día. Me gusta eso porque lo siento mucho más personal”.

Ahora, luego de muchos meses y millones de bytes en fotos y videos, Daniela está empezando a despegar por la red. Dice estar mucho mejor que antes, mucho más en control de su cuerpo y sus emociones gracias a la red. Me pregunta: “¿Te enseño a hacer un squirt?


Sin nombres, sin datos, sin ropa

FaithNS (30) prefiere mantener su alias de Only Fans para este reportaje. Dice que es tímida, muy tímida, tanto que la vida en cuarentena no alteró demasiado su rutina diaria. Casi nada. Ese es uno de los motivos por los cuales comenzó a vender contenido en Only Fans, porque no tiene que ni salir de su casa.

Al momento de crear la cuenta, lo que más me gustó era la manera de registrar la forma de pago. Ya que estaba armando una cuenta como creadora de contenido, me pidieron una copia de mi cédula de identidad y una cuenta bancaria con actividad. No era una página que desaparecería en cualquier momento”, dice. Ella, en su vida diaria, es técnico jurídico. “Al principio, lo complicado era que la página pide que se llegue a metas y eso me obligaba a estar publicando prácticamente todos los días”.

Sobre el tipo de contenido que genera, lo define como muy suave, erótico e íntimo. “No es grotesco. No es llegar y hacer una pose exagerada. Hay chicas que venden ese tipo de temática muy explícita y yo no tengo nada en contra de eso, pero prefiero el contenido más soft”.

Desde sus inicios, la industria del porno se ha separado entre el softcore hardcore. El primero está más relacionado con la erótica y sensualidad que con el acto sexual mismo. Busca dejar ver entre líneas,  jugar con la imaginación del consumidor y dejar en el aire la promesa de algo más.

Sin embargo, ha recibido algunos pedidos que la han descolocado un poco, como que suba fotos de sus pies. “No soy nadie para juzgar, pero no me siento cómoda con eso. Por eso trato de no hacer pedidos, sino cosas que se acomoden a mis gustos y a los gustos comunes de mis seguidores”.

Faith suele dedicar una tres horas por semana a la creación de contenido que luego va subiendo de manera parcelada a la red. De esta forma, una sesión de imágenes suele durar una semana más o menos. La aplicación cobra siete dólares por imagen o video y el creador recibe cinco dólares y sesenta centavos del total.

Muchas veces me han dicho que por qué no vendo fotos por WhatsApp o por transferencia directa, pero eso implicaría dar mis datos, mi nombre completo, y no me gusta eso. Me gusta que la plataforma se encargue de gestionar todo eso.

Esta función de intermediario le acomoda mucho a Faith, quien es reacia a interactuar directamente con sus seguidores. “Muchas veces me han dicho que por qué no vendo fotos por WhatsApp o por transferencia directa, pero eso implicaría dar mis datos, mi nombre completo, y no me gusta eso. Me gusta que la plataforma se encargue de gestionar todo eso”.

El público de Faith es uno que, al igual que ella, gusta mucho de la cultura geek (cómics y videojuegos). “Tengo preparado el atuendo de Doctor Strange, para el que tuve que comprar lencería roja. Ya tenía los accesorios, así que por ahí va entrando un poco lo del cosplay (personificación) y el juego con mis seguidores”.


Abriendo la cámara

Nathalia (25) y Francisca (20) tienen bastante en común. Ambas se dedican al área audiovisual, la primera en desarrollo de videojuegos y la segunda estudiando comunicación audiovisual. Actualmente se encuentran sin trabajo, pero quieren hacer carrera en stream por Twitch. Hace poco tiempo, también abrieron cuentas como creadoras en Only Fans.

A pesar de la exposición que viene con iniciar una carrera en el área del trabajo sexual virtual, ninguna dice estar lista para hacer público su emprendimiento. De hecho, para esta entrevista por Zoom las dos prefirieron mantener sus cámaras apagadas.

Nathalia partió haciendo cosplay, una personificación de protagonistas de videojuegos o animes, y con eso armó una base de seguidores. Cuando decidió entrar al mundo de ventas de imágenes y videos eróticos, mezcló ambos mundos performativos.

“Partí viendo a las SuicideGirls (comunidad online que se basa en la estética pin up), pero no me daba la personalidad. En ese entonces estaba en el centro de alumnos de mi universidad y me importaba mucho el qué dirán”, explica. Una vez terminada su carrera y enfrentada a la cesantía, Nathalia decidió abrir la cuenta.

Al principio dice que le costaba, porque le pedían que mandara fotos de adelantos por WhatsApp y eso le parecía mucho, así que  decidió funcionar exclusivamente por la plataforma. “Cuando partí no tenía mucho con qué trabajar a nivel de temáticas, entonces empecé con nudes o semi-nudes, que es más simple y prefería dejarlo periódicamente en la plataforma”.

Con este sistema, Nathalia gana entre $150 y $200 dólares mensuales.

Francisca logró trasladar parte de los seguidores de sus streams a Only Fans. Al igual que Nathalia, prefiere el código del softcore que las fotos explícitas. “En el stream a veces comento que tengo Only Fans y  hay gente que me ve por eso. Pero de repente llegan cabros que te empiezan a ver y van a suscribirse”.

Están las personas que quizás les gusta ver a alguien más real. No a alguien de imágenes de Google o de páginas como Xvideos. Yo creo que por ahí va la cosa.

Dice que ha ganado “buena plata en esto”, pero que “lo más latero es hacer promoción, que a veces puede resultar un poco como spam y eso puede hacer que bajen los seguidores, porque se aburren”.

A diferencia de Nathalia, Francisca sí ha trabajado con pedidos personalizados en base a lo que le han solicitado sus clientes. “Una vez me ofrecieron quinientas lucas por fotos explícitas, pero me sentí incómoda y dije que no. Igual en preguntar no hay nada malo, pero una tiene que hacer lo que se sienta cómoda”.

“Te empiezan a decir: oye tienes algo que muestres el culo, o las tetas, o el choro. Porque así son, super ordinarios. Y uno le dice que el contenido es más soft y al final nunca compran. Entonces esos hueones a mí me incomodan y yo los voy bloqueando”, agrega.

Las dos coinciden en que la mayoría de sus clientes son chilenos, entre 20 y 35 años. Sobre por qué prefieren comprarles sus imágenes a ver porno industrial, ambas creen que se debe más a un deseo voyeurista y de aproximación. Para Nathalia, “están las personas que quizás les gusta ver a alguien más real. No a alguien de imágenes de Google o de páginas como Xvideos. Yo creo que por ahí va la cosa”.


Del plástico al casero

Para la médico y sexóloga Mariana Dintrans la clave del Only Fans se basa en que es una respuesta a las necesidades afectivas de hoy en día. Con el boom de las aplicaciones de citas, se generó una disociación entre lo sexual y lo afectivo, lo cual hace que ahora las fantasías tengan que ver mucho más con lo doméstico que con lo fabricado.

“Hoy en día existe una forma de sexualidad más libre. De hecho, se ve mucho lo del sexo libre, pero poco de responsabilidad afectiva. Si bien las fantasías de los hombres y las mujeres siguen siendo bastante básicas, cumplirlas ya no es un tema tan complejo. Entonces, el vuelco está a poder acercarse a lo doméstico de la persona”, dice.

Explica que el hecho de que la red muestre un grado de falibilidad de los creadores, que no sean cuerpos perfectos, que tengan errores en las posturas o que los lugares no sean los mismos escenarios que se usan en el porno industrial define el atractivo de la red

“Desde los inicios de la industria del porno los cuerpos que han predominado son de estándares muy altos y los mismos actos son actuaciones que no se repiten en la vida diaria del consumidor. En cambio, en el Only Fans viene una fantasía de stalker en la que te permite entrar a la casa del creador, poder ver cómo vive y acercarse a eso. Por lo mismo, muchos actores pornos tienen sus propias cuentas donde suben material mucho menos editado, menos plástico, que el que suben cuando hacen películas y videos de la industria”, afirma.

Para ella, el próximo gran problema va a tener que ver no con el consumo de porno, como lo era hace unas décadas atrás donde todavía estaba mal visto, sobre todo por parte de mujeres; sino que en el establecer los límites de cada uno y lo que se espera de las personas. “Existe una clara disociación entre lo afectivo y lo sexual, lo cual va a generar problemas más adelante. Hoy en día todo está con esta distancia y rapidez de las redes sociales. Tinder, Grindr, Badoo, todas esas redes han hecho que sea mucho más fácil conocer personas, pero también están separando al sexo de lo emocional”, dice.

De una forma u otra las fantasías empiezan a moverse al lado de lo emocional, porque el resto son mucho más fácil de conseguir. Hay un viraje a lo emocional, que se mezclan con los fetiches más intrusivos de entrar en la vida del otro

Sin embargo, afirma que el fenómeno del porno casero o amateur no es nuevo. Una de las pioneras en el área es una cuasi leyenda de Internet: Hanah. Ella era una usuaria de foros de Internet, cuando la red todavía era joven, que comenzó a subir fotos y videos de ella en su casa, bailando, teniendo relaciones con su novio o masturbándose. Inmediatamente se transformó en una sensación. “Esto provocó una clase de celos extraños en las mujeres, porque ya no era que el hombre estuviera viendo un cuerpo perfecto o una mina que estaba actuando, sino que era una mujer normal, como una. Era celar a otra quien era de lo más normal”, dice. Esto fue uno de los primeros indicios de lo que sería el porno amateur, y una de las primeras pistas de que el mercado para este existía y estaba dispuesto a seguir a sus estrellas.

“De una forma u otra las fantasías empiezan a moverse al lado de lo emocional, porque el resto son mucho más fácil de conseguir. Hay un viraje a lo emocional, que se mezclan con los fetiches más intrusivos de entrar en la vida del otro”, dice la sexóloga.